Call Me By Your Name

Acabo de terminar de ver Call Me By Your Name. Primeramente, quiero dejar asentado que ya no debo cancelar cosas tan rápidamente.

La película cala, y hondo, muy hondo, porque ese es el primer amor que cada persona queer desearía haber tenido. Sin tapujos, con una familia que entiende y alienta a que crezca, con los miedos que tiene cualquier persona al primer amor. Pero te extraño, te extraño todos los días porque se terminó sin que quisiera y no puedo dejar de pensarte en cada persona que conozco. No sé querer y no sé dejarme querer. Deseo con todas mis fuerzas que me llames por teléfono y me digas tu nombre, para así poder llorarte en la ventana en pleno verano y darme cuenta que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido.

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sobran los motivos

Hace uno o dos meses abrí este blog sin ningún fin más que seguir otros. Había encontrado uno que recopilaba relatos de mujeres afrodescendientes en latinoamérica, otro sobre el feminismo gitano, otro sobre mujeres en siria. Mujeres que tienen una historia diferente que contar. Entonces me pregunté a mí misma, ¿qué historia tengo yo para contarle al resto? Creo que ninguna. Podría vivir como parte de la hegemonía sin que nadie lo cuestionara. Más allá de mujer, paso por blanca, heterosexual y de clase media acomodada y escolarizada. Sin embargo, no es tan así.

Hace uno o dos meses comencé a ver un sinfín de películas. Cualquiera fuese el título, director/a, trama y actores/actrices se sumaba a la lista, cuya única condición establecida era que no podía ser estadounidense. Encontré, a la vez, un blog en el que una mujer española relató sus experiencias con diversos filmes. Así que me decidí a comenzar uno propio. Un blog donde yo narre mis experiencias con las películas. Y, por qué no, con lxs otrxs, con la calle, con las aulas y estudiantes, con la vida. Un blog que sea de películas y otras experiencias.